Una multitud de fans y periodistas se concentraba en una preparatoria de Cleveland. ¿El motivo? Escuchar el anuncio de Cardale Jones, el quarterback sensación iba a anunciar su decisión respecto al Draft 2015. Después de una prolongada espera Jones llegó al podio y pronunció su elección: volvería a la universidad.
La historia de Cardale Jones es particular, en menos de dos meses pasó de ser un completo desconocido a ser el jugador colegial del momento. ¿La razón? Ganar tres campeonatos en los únicos tres juegos como titular de su carrera colegial. A principios de la temporada 2014 Jones era el tercer quarterback de Ohio State. El titular se lesionó en la pretemporada y luego su suplente se lesionó un juego antes del campeonato de conferencia. Jones era puesto como titular y su equipo en automático caía de la lista de favoritos. Con él de titular primero Ohio State venció a Wisconsin 59-0 en el Big Ten Championship. Luego derrotaron 42-35 al número uno de la nación Alabama en el Sugar Bowl y finalmente ganaron el National Championship venciendo a Oregon 42-20. El rol de Jones en esas victorias fue protagónico. Sus capacidades físicas modificaron el esquema ofensivo de Ohio State. Su fuerte brazo permitió más jugadas profundas, mientras su corpulencia y movilidad daban opciones en juego terrestre. En esos tres juegos tuvo un total de 8 touchdowns y apenas 2 intercepciones. Su performance y éxito encantó a más de un entrenador o directivo.
En solo tres juegos mostró todo lo bueno que un jugador puede mostrar y ganó más campeonatos que otros jugadores que son titulares varios años. Sus defectos eran una incógnita, pero con los beneficios a la vista los equipos iban a estar abiertos a darle una oportunidad. Varios scouts, periodistas y entrenadores salieron a hablar bien de su talento y performance en juegos difíciles. Si entraba al Draft se pronosticaba que podría ser seleccionado dentro de las primeras tres rondas. Aunque ser seleccionado en la primera ronda parecía distante, era una posibilidad, Cardale venía siendo arrastrado por la ola de la fama, una mezcla de popularidad y resultados. El riesgo lo valía.
Los factores externos también entraban en la ecuación. El Draft de 2015 tuvo muy pocos prospectos en la posición de quarterback. Marcus Mariota y Jameis Winston fueron los únicos quarterbacks seleccionados en los primeros 70 picks de ese Draft. Había una grieta considerable entre esos dos prospectos y los demás, espacio que Cardale pudo haber ocupado.
En 2017 hubo un jugador en una situación similar que aprovechó su ola y decidió entrar al Draft. Mitchell Trubisky apenas jugó 13 juegos como titular en el fútbol colegial en una conferencia que no era la prestigiosa SEC o la BIG 10 (donde jugó Cardale Jones). Se ganó su lugar como titular después de dos años de ser suplente de un quarterback que no fue seleccionado en el draft. A diferencia del buen récord de Jones en tazones, Trubisky perdió el único tazón colegial en el que jugó, en donde lanzó 2 intercepciones. Los factores externos beneficiaban también a Trubisky, había mucha confusión sobre los prospectos del Draft. El único quarterback con un consenso unánime de ser un primera ronda era Deshaun Watson. El resto era incognita: Deshone Kizer, Patrick Mahomes, Davis Webb. Es por eso que aprovecho lo bien que se hablaba de él y entró al Draft 2017.
Trubisky fue seleccionado con el pick número 2 del Draft 2017, su primer contrato en la NFL fue de 4 años y $30 millones de dólares completamente garantizados. Jones volvió a Ohio State, en la siguiente temporada su titularidad apenas duró 7 juegos, fue banqueado. Esta vez ya sin estar sobre una ola de popularidad y con sus defectos expuestos entró al Draft de 2016. La competencia en la posición esta vez fue mayor. Fue seleccionado con el pick 139 en la cuarta ronda, 9 quarterbacks fueron seleccionados antes que él. Jones firmó con los Buffalo Bills un contrato significativamente menor a los contratos que se les da a los seleccionados en la primera ronda de 4 años y $2.7 millones de dólares. Duró apenas una temporada en Buffalo, fue mandado a San Diego via trade y cortado, por lo que ganó apenas $1.5 millones de dólares de su contrato inicial.
Jones y Trubisky son dos quarterbacks que vieron llegar la ola de la fama hace poco tiempo y enfrentaron similares condiciones externas. Uno decidió montar esa ola y otro dejarla pasar. Al final Jones se pudo graduar de la universidad y ser jugador profesional. No ha mostrado remordimiento públicamente por esta decisión y manifiesta que obtener una educación universitaria era lo más importante para él. No se cuestiona para nada la elección de Jones, pero se resalta que su carrera profesional se vió afectada por no aprovechar su momento. El ser elegido en la primera ronda trae no solo más ingresos monetarios sino más paciencia y confianza a un jugador y el proyecto que lo rodea. Al final la ola de la fama no garantiza el éxito, pero si el ser visto. Una vez sobre ella el mayor peligro no es caer, sino dejarla pasar.
La historia de Cardale Jones es particular, en menos de dos meses pasó de ser un completo desconocido a ser el jugador colegial del momento. ¿La razón? Ganar tres campeonatos en los únicos tres juegos como titular de su carrera colegial. A principios de la temporada 2014 Jones era el tercer quarterback de Ohio State. El titular se lesionó en la pretemporada y luego su suplente se lesionó un juego antes del campeonato de conferencia. Jones era puesto como titular y su equipo en automático caía de la lista de favoritos. Con él de titular primero Ohio State venció a Wisconsin 59-0 en el Big Ten Championship. Luego derrotaron 42-35 al número uno de la nación Alabama en el Sugar Bowl y finalmente ganaron el National Championship venciendo a Oregon 42-20. El rol de Jones en esas victorias fue protagónico. Sus capacidades físicas modificaron el esquema ofensivo de Ohio State. Su fuerte brazo permitió más jugadas profundas, mientras su corpulencia y movilidad daban opciones en juego terrestre. En esos tres juegos tuvo un total de 8 touchdowns y apenas 2 intercepciones. Su performance y éxito encantó a más de un entrenador o directivo.
En solo tres juegos mostró todo lo bueno que un jugador puede mostrar y ganó más campeonatos que otros jugadores que son titulares varios años. Sus defectos eran una incógnita, pero con los beneficios a la vista los equipos iban a estar abiertos a darle una oportunidad. Varios scouts, periodistas y entrenadores salieron a hablar bien de su talento y performance en juegos difíciles. Si entraba al Draft se pronosticaba que podría ser seleccionado dentro de las primeras tres rondas. Aunque ser seleccionado en la primera ronda parecía distante, era una posibilidad, Cardale venía siendo arrastrado por la ola de la fama, una mezcla de popularidad y resultados. El riesgo lo valía.
Los factores externos también entraban en la ecuación. El Draft de 2015 tuvo muy pocos prospectos en la posición de quarterback. Marcus Mariota y Jameis Winston fueron los únicos quarterbacks seleccionados en los primeros 70 picks de ese Draft. Había una grieta considerable entre esos dos prospectos y los demás, espacio que Cardale pudo haber ocupado.
En 2017 hubo un jugador en una situación similar que aprovechó su ola y decidió entrar al Draft. Mitchell Trubisky apenas jugó 13 juegos como titular en el fútbol colegial en una conferencia que no era la prestigiosa SEC o la BIG 10 (donde jugó Cardale Jones). Se ganó su lugar como titular después de dos años de ser suplente de un quarterback que no fue seleccionado en el draft. A diferencia del buen récord de Jones en tazones, Trubisky perdió el único tazón colegial en el que jugó, en donde lanzó 2 intercepciones. Los factores externos beneficiaban también a Trubisky, había mucha confusión sobre los prospectos del Draft. El único quarterback con un consenso unánime de ser un primera ronda era Deshaun Watson. El resto era incognita: Deshone Kizer, Patrick Mahomes, Davis Webb. Es por eso que aprovecho lo bien que se hablaba de él y entró al Draft 2017.
Trubisky fue seleccionado con el pick número 2 del Draft 2017, su primer contrato en la NFL fue de 4 años y $30 millones de dólares completamente garantizados. Jones volvió a Ohio State, en la siguiente temporada su titularidad apenas duró 7 juegos, fue banqueado. Esta vez ya sin estar sobre una ola de popularidad y con sus defectos expuestos entró al Draft de 2016. La competencia en la posición esta vez fue mayor. Fue seleccionado con el pick 139 en la cuarta ronda, 9 quarterbacks fueron seleccionados antes que él. Jones firmó con los Buffalo Bills un contrato significativamente menor a los contratos que se les da a los seleccionados en la primera ronda de 4 años y $2.7 millones de dólares. Duró apenas una temporada en Buffalo, fue mandado a San Diego via trade y cortado, por lo que ganó apenas $1.5 millones de dólares de su contrato inicial.
Jones y Trubisky son dos quarterbacks que vieron llegar la ola de la fama hace poco tiempo y enfrentaron similares condiciones externas. Uno decidió montar esa ola y otro dejarla pasar. Al final Jones se pudo graduar de la universidad y ser jugador profesional. No ha mostrado remordimiento públicamente por esta decisión y manifiesta que obtener una educación universitaria era lo más importante para él. No se cuestiona para nada la elección de Jones, pero se resalta que su carrera profesional se vió afectada por no aprovechar su momento. El ser elegido en la primera ronda trae no solo más ingresos monetarios sino más paciencia y confianza a un jugador y el proyecto que lo rodea. Al final la ola de la fama no garantiza el éxito, pero si el ser visto. Una vez sobre ella el mayor peligro no es caer, sino dejarla pasar.
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